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Opinión de: Mario Sors


La decepción del Grupo Atlacomulco, replicada en Oaxaca

Septiembre 08
23:29 2018
Durante fechas recientes, el protagonismo de Alejandro Murat ha sido lamentable, de pitorreo, la más reciente, exhibiendo sus carencias al improvisar un discurso sobre el sismo del 7 de septiembre de 2017 con epicentro en el Istmo de Tehuantepec.
 
Confundir en un discurso a los Ángeles Verdes, grupo de asistencia vial de la Secretaría de Turismo, con los Ángeles Azules, el grupo musical, ha sido uno de los más recientes dislates del gobernador oaxaqueño.
 
Esto último no opaca el penoso discurso en Salina Cruz en diciembre pasado frente al presidente Peña Nieto, Alejandro Murat se inmortalizó con las frases: "Se ha abrido una gran brecha" y "Solidaridad solidaria", éste último concepto que coronó el discurso del mandatario estatal dejó atónitos a los asistentes.
 
Otra anécdota cómica, fue su intento frustrado por cargar una marmota durante una calenda en las fiestas por la Guelaguetza.
 
En un toque trágico se encuentra también el helicopterazo que protagonizó el mismo Alejandro Murat al acudir, innecesariamente, en febrero de este año a Santiago Jamiltepec debido a un sismo de 7.2 grados con epicentro en la zona y en donde los únicos daños fueron, justamente, los 14 muertos y varios heridos, entre ellos una menor de edad que perdió en ese accidente, además de su familia, una de sus piernas.
 
La administración del joven Murat Hinojosa se ha reflejado entre pifias y tragedia, una tragicomedia muy similar a la del presidente Peña Nieto. Ambos surgidos, arropados por el mexiquense Grupo Atlacomulco, arribaron al poder con cierta esperanza de capacidad para afrontar la responsabilidad conferida en las urnas, uno en la presidencia de la República, el otro en el gobierno estatal.
 
Enrique Peña Nieto, concluye su gestión con un 20 por ciento de apoyo, un porcentaje bajo, muy bajo.
 
Murat Hinojosa, apenas va por su segundo año y no pinta nada bien.
 
Las ejecuciones van en aumento, no se percibe ninguna mejoría en la seguridad estatal; no se ha resuelto uno sólo de los delitos de alto impacto; la impunidad ya es costumbre; el transporte público sigue en el caos y a merced de unas cuantas mafias con la complacencia oficial; la economía estatal en franca recesión; la opacidad en el gasto público es una constante; no existe obra pública; el sector salud permanece grave y en terapia intensiva; la defensa de los intereses oaxaqueños se limita a manifestaciones callejeras y a destiempo, como el caso de la denominación de origen del mezcal.
 
Tanto el gobernador como su grupo élite de funcionarios mexiquenses y de la capital del país han demostrado poca eficacia, por decir lo menos, y ante esa incapacidad de éste grupo de importados a Oaxaca, se requiere de que el contrapeso actúe, es decir, que la próxima Legislatura, no la actual, realmente exija resultados ya que de no hacerlo sería una comparsa y un fraude a la demanda popular expresada en las urnas para que los funcionarios públicos realmente hagan su trabajo.
 
Lamentablemente, el ajuste al gobierno de Alejandro Murat tendrá que venir desde afuera, desde el Congreso local ya que no se percibe ningún signo, ninguna posibilidad que el ajuste ocurra desde el interior y tampoco los próximos legisladores deberían apostar a que el gobernador lo siga haciendo tan mal como hasta ahora, en busca de capitalizar esos errores electoralmente.
 
Es decir, la rectificación debe provenir del Congreso local, principalmente, y evitar que se siga en este camino de fiascos que solamente lástiman a los ciudadanos.

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