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Opinión de: Mario Sors


Rùben Núñez y camarilla; se acabó la fiesta

Julio 22
17:20 2015
Mario Sors
imagen web
Pobrecita la dirigencia de la Sección 22, en los últimos días han sido víctimas del bullying inmisericorde que concluyó con la desaparición del IEEPO y con ello el fin del mandato que mantenía "de facto" esa camarilla magisterial que mantuvo a raya a gobernadores y diputados durante décadas.
 
Ayer era increíble ver la cara de estupefacción de muchos maestros, incluyendo a Núñez Ginés que denotaba que no sabía que ocurría ni como reaccionar. 
 
Todo lo que podían bloquear ya estaba ocupado por las fuerzas federales y estatales, sus fieles huestes están de vacaciones y para colmo les congelaron las cuentas sindicales.
 
Es claro, la Sección 22 ya no controla nada, no puede repartir plazas, ya no puede chantajear con castigos laborales a ningún docente, tampoco tiene dinero, así ninguna lucha al estilo de la dirigencia radical tiene futuro.
 
Núñez y compañía perdieron los hilos con los que controlaban a los docentes, la fiesta que mantuvo la Sección 22 con la educación pública destrozándola a golpe de marchas, bloqueos y paros, ya terminó.
 
Vendrá -confiemos-, un período de reconstrucción educativa en donde el maestro se dedique a la docencia y no a desestabilizar la vida política, económica y social. También seremos testigos de los últimos coletazos de la bestia.
 
Mientras eso ocurre, Rúben Núñez y su camarilla de maestros radicales podrá asimilar el bullying que les está aplicando el gobierno federal y estatal mientras ven con nostalgia como ese poder que tuvieron y no supieron aprovechar se les va de las manos.
 
La voracidad, perversión y soberbia cavaron la tumba de algo que pudo ser un excelente proyecto de educación pública en donde los maestros fueran realmente una herramienta de cambio y desarrollo para Oaxaca, todo un experimento social. Sin embargo, a poco más de 30 años de tener el control de la educación pública, la Sección 22 entregó números tristes y preocupantes.
 
La camarilla de Núñez Ginés tendría que reconocer que los victimarios de la Sección 22 como sindicato de poder político son ellos mismos y ahora sólo les corresponde ver quien es el último en salir y apague la luz de una fiesta que ya acabó.

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