Oaxaca de Juárez, México.

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Opinión de: Moisés Molina


La X en la Frente

Abril 04
08:27 2011
Moisés Molina
imagen:archivo
Recib con agrado invitacin del Instituto Cumbres, para fungir como Jurado Calificador en su concurso "Los lderes hablan", a celebrarse esta semana con participantes de las distintas entidades del pas al cual, huelga decir, acudir gustoso. Hace tiempo que venimos insistiendo en la necesidad de incorporar la expresin oral como asignatura en el sistema educativo nacional, pero la realidad se impone y la oralidad es cuestin que solo a una minora selecta parece importar.

Ya Miguel ngel Carballido ha ocupado su espacio semanal para compartir algunas variaciones en torno al tema, resaltando la importancia de la oratoria en la construccin del imaginario poltico; empresa osada en un entorno donde la clase poltica preponderante en los gobiernos o en los partidos, parece sentir un desprecio por la oralidad y recelo por LOS QUE HABLAN, como consecuencia natural y comprensible de sus propias limitaciones. Son los tartamudos de la conciencia.

Y es que, EL QUE HABLA es un lder por naturaleza, porque da coherencia y sentido a sus palabras. Argumenta, razona, contrasta, instruye y adems deleita. AL QUE HABLA antes se le llamaba ORADOR y el sustantivo cobraba tintes de adjetivo calificativo, era una distincin. El poltico usaba la palabra hablada como instrumento eficaz de conduccin, de orientacin de la comunidad poltica; sealaba con claridad caminos, alternativas, soluciones. Transmita a las sociedades confianza, certeza, rumbo. La esperanza se mantena viva y constituan los discursos el vnculo que le mantena unido a sus representados.

Cuando las convicciones comenzaron a flaquear y se encaram la poltica en el imaginario colectivo como actividad para ganar dinero y obtener poder, la palabra perdi valor. Ya no haba qu transmitir. La poltica ya no necesitaba tribunas y las pocas existentes, como las cmaras de diputados y senadores hasta nuestros das, comenzaron a ser sub ocupadas para lanzar fros mensajes ajenos a quien los lee. A las palabras se les mutil y se les encarcel en los diccionarios donde solo reciben visita de semilogos y lingistas. La actividad ms noble del mundo se refugi en oscuros pasillos, cafs de componendas, bares de negociacin, oficinas de intriga y adulacin incontestable. Dej de ser necesario hacer pblico lo pblico y hasta se legitim la poltica del silencio o de la comunicacin a medias.

El ORADOR, EL QUE HABLA, ya no argumenta, justifica; ya no habla con su pueblo, enva boletines. A la palabra se le castra. Es solo significante y significado; la emocin, lo humano se va a la basura. Dejamos de ser, por voluntad propia, humanos enteramente. La voz, el ademn, la gesticulacin que, sin llegar al histrionismo hueco, visten las ideas, desaparecieron y la magia de la comunicacin humana fue confinada en actividades que se nos presentan superfluas, casi ldicas: concursos, muestras, festivales de oratoria. Se mantiene a los expertos alejados lo ms posible del Olimpo, donde los dioses de la poltica necesitan la complicidad del silencio.

Recordamos con cario y -en mi caso admiracin sincera- a Aquiles Lpez Sosa. Corra el mes de marzo del ao 2001 y acudimos al llamado del H. Congreso del Estado para participar en el Certamen Nacional de Oratoria dentro de la "Primera Jornada de Fe Juarista". El presidente del congreso era Aquiles y predic con el ejemplo. En la soledad del saln de sesiones, an en la Avenida Jurez, animaba a los concursantes la presencia del coordinador de los diputados del PRI. Solo se levantaba de su butaca para atender asuntos de urgencia al llamado espordico de su inseparable amigo y colaborador Hugo Lpez. Fueron varias horas las que dur el certamen y Aquiles estaba fundido con nosotros, participando de un verdadero festn de apasionados argumentos de las mentes jvenes. l, que era un autodidacta fue tocado por la magia de las palabras y seguro estoy por intervenciones pblicas posteriores que de l pude ver y escuchar- de que ese concurso dio un nuevo impulso a su vida. Aquiles, sin temor a crticas, es lo ms parecido que he conocido a un lder en Oaxaca, desde que tengo uso de razn. Humano, como todos, pudo haber cometi errores, pero inspiraba "algo" que ningn poltico que yo conozca ha logrado inspirar. Aquiles haca poltica en voz alta.

Muchos, cada vez ms, seguimos esperando que la poltica rompa el silencio; que las palabras dichas vuelvan a ser puente entre clases aisladas; que la oralidad devuelva la confianza al pueblo en el ejercicio pblico del poder; que en los discursos reencontremos la libertad en su ms amplio sentido.

Los partidos polticos deben recuperar su razn de ser a iniciativa de sus militantes. Que los consejos polticos y las asambleas o convenciones sean nuevamente rganos deliberativos y no solo cuerpos colegiados construidos a modo para avalar decisiones tomadas en la penumbra del susurro. Los pueblos que no hablan se suicidan y estamos muy a tiempo de mantenernos con vida con la frmula belisariana: LIBRES POR LA PALABRA LIBRE.

moisesmolinar@hotmail.com

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